La presidenta Claudia Sheinbaum ya movió una de las piezas más delicadas del tablero político, la reforma electoral. La Cámara de Diputados recibió su iniciativa, que propone modificar 11 artículos de la Constitución. Es una sacudida importante al sistema electoral mexicano.

Primero, propone recortar en un 25% el financiamiento público a los partidos políticos. También plantea que ningún funcionario del INE, tribunales electorales u organismos locales gane más que la Presidenta. Es decir, el discurso de austeridad llega directo a los órganos electorales.

Además, endurece la fiscalización; partidos y candidatos tendrían que reportar diariamente ingresos, egresos y hasta operaciones con criptoactivos. Se obliga también a etiquetar contenido electoral alterado con inteligencia artificial. Y se prohíbe expresamente el nepotismo en candidaturas y cargos electorales.

Pero donde realmente se mueve el equilibrio político es en la composición del Congreso.

El Senado pasaría de 128 a 96 integrantes, eliminando los 32 plurinominales.

En la Cámara de Diputados se mantienen 500, pero los 200 pluris ya no serían por listas cerradas de partidos, sino por voto directo ciudadano.

Se mantiene el PREP, no desaparece el INE y no se reduce drásticamente el Congreso, como proponía Andrés Manuel López Obrador en sus intentos fallidos de reforma (recordemos el Plan A, Plan B y Plan C). Es decir, Sheinbaum retoma el núcleo de la propuesta obradorista (austeridad, fin de privilegios, menos plurinominales, más fiscalización) pero con ajustes menos radicales.

Y aquí viene el contraste. Para sus simpatizantes, esta reforma busca abaratar y democratizar el sistema electoral. Dicen que hay demasiados privilegios, demasiados plurinominales y demasiado dinero público en partidos que no representan realmente a la ciudadanía.

Pero para sus críticos, el riesgo es otro, reducir plurinominales puede debilitar la representación de minorías y concentrar poder en el partido mayoritario, o sea, MORENA. Y eso enciende alertas.

El escenario político no es sencillo. Esta reforma requiere mayoría calificada, es decir, al menos 334 votos de 500 diputados. Morena y sus aliados PT y PVEM suman los números pero hay tensiones. El recorte al financiamiento y los cambios a plurinominales no tienen a todos muy contentos así que las negociaciones tendrán que ser uno a uno.

El proceso apenas comienza en comisiones. Vendrán foros, presión mediática y jaloneo político. Ésto podría tardar meses. Y si se aprueba, impactaría directamente las elecciones de 2027 y 2030.

Veremos.

 

Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…