Yo creo que muchos estamos consternados por lo ocurrido el pasado 2 de septiembre en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, en Ciudad Victoria.

Un estudiante de primer semestre, de apenas 18 años, terminó hospitalizado y en terapia intensiva después de ser sometido, junto con otros alumnos, a una “novatada”.

De acuerdo con los testimonios que se han dado a conocer, los jóvenes fueron sacados de los salones, llevados a una zona de producción y sometidos a toda clase de humillaciones.

Uno de ellos sufrió una crisis convulsiva y tuvo que ser hospitalizado.

¿Cómo es que puede ocurrir algo así dentro de una universidad?

El director de la Facultad reconoció públicamente, lo que ya todos sabemos, que estas prácticas han existido desde hace años entre los estudiantes, y aseguró que ya están prohibidas y que no forman parte de ninguna actividad institucional.

Entonces, si están prohibidas, ¿cómo es que se siguen realizando?; ¿quién estaba a cargo?; ¿quién permitió que los estudiantes fueran llevados a esa zona?

¿No había maestros, personal administrativo o algún responsable que pudiera darse cuenta de lo que estaba ocurriendo?; ¿qué muestran las cámaras de video vigilancia?

Una vez más la Fiscalía de Justicia tiene en sus manos un caso polémico que tendrá que resolver.

No podemos aceptar que después de una agresión de esta magnitud todo termine calificándose simplemente como un hecho “aislado”.

Porque no estamos hablando de una broma pesada, estamos hablando de jóvenes humillados, agredidos y expuestos a prácticas que pudieron tener consecuencias todavía más graves.

Y lamentablemente, en Tamaulipas ya tenemos un antecedente que nos obliga a poner atención.

Hace apenas unos meses, una menor de edad murió después de participar en un campamento militarizado en Ciudad Madero, donde también fueron denunciadas prácticas de humillación y vejaciones.

No podemos normalizar este tipo de conductas bajo el argumento de que son tradiciones o novatadas.

No educan. No forman. No fortalecen el carácter.

Humillan y pueden incluso destruir vidas.

Que se determine quiénes participaron, quiénes fueron responsables y, si existió alguna omisión por parte de quienes tenían la obligación de supervisar, que también se investigue y se sancione conforme corresponda.

A ésto no se le puede llamar tradición, ésto es un acto de violencia y como tal deberá ser sancionado, aunque Tadeo ya no esté en Tamaulipas.

 

Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…