En 1846, en pleno apogeo de la guerra que se vivía en el país en contra de los Estados Unidos, existió un detalle que terminó por definir el conflicto. Mientras se daba el avance del ejército invasor con rumbo al centro del país, un grupo de políticos y empresarios mexicanos decidió facilitarles el paso: les proporcionaron información, revelaron posiciones sensibles y alentaron decisiones internas que terminaron por abrirles la puerta. El resultado más claro fue la caída de la capital del país en 1847; los invasores tomaron el centro político de la nación. Lo que siguió fue la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, con el que México cedió más de la mitad de su territorio. Esto no fue solo una derrota militar, fue el resultado de un grupo interno que permitió que fuerzas extranjeras operaran libremente dentro del país.

En la madrugada del domingo 19 de abril, se trasladaba por la sierra Tarahumara una caravana conformada por cinco vehículos. En ella viajaban elementos de seguridad que acababan de desmantelar seis laboratorios de producción de drogas pertenecientes a una célula del crimen que opera en la zona; todos habían sido identificados por drones y en el operativo para destruirlos intervinieron cerca de cien elementos, principalmente de la fiscalía estatal. El tema era para una estrella en el pecho del fiscal estatal; sin embargo, en una zona accidentada, uno de los vehículos se accidentó, terminando en el fondo de un barranco y reducido a cenizas.

Fueron cuatro personas las que perdieron la vida en el penoso accidente, dos de ellos identificados como agentes de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) de Estados Unidos, según fuentes periodísticas y posteriormente confirmado por autoridades. El caso detonó una crisis política sin precedentes. El asunto mereció la atención de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. Desde el suceso han sido muchas las declaraciones que ha emitido; además, de ahí se desprendieron un centenar de especulaciones y teorías que han llevado a los cuerpos diplomáticos de ambos países a trabajar bajo presión.

El asunto no es menor: estos elementos extranjeros no contaban con permiso para trabajar en el país, y menos para realizar acciones de seguridad, inteligencia o combate al crimen. Las versiones han sido muchas y muy distintas, desde que solo estaban de paseo, hasta decir que no portaban armamento; sin embargo, apenas el día de ayer se dio a conocer una fotografía en la que se puede ver a los agentes estadounidenses portando armas y uniformes tácticos de la fiscalía estatal de Chihuahua en pleno operativo. En conclusión, estaban realizando labores de seguridad sin permiso del Congreso y, además, encubiertos.

La realidad alcanzó al fiscal estatal César Jáuregui Moreno, por lo que hace apenas 48 horas presentó su renuncia con carácter irrevocable al cargo que ostentaba. En una conferencia de prensa admitió que hubo omisiones respecto a la presencia de agentes extranjeros en el operativo: “(esto) vulnera los mecanismos de control y comunicación que, como titular de la Fiscalía del Estado, tenía la obligación de asegurar. Reconozco esta responsabilidad política y la necesidad de corregirla”, además agregó: “la medida más adecuada es poner a disposición mi cargo, para permitir que las investigaciones se desarrollen con autonomía, prontitud y exhaustividad, y para restablecer la confianza pública”.

El debate no se centra en el ejercicio de las funciones que tenía a su cargo el fiscal; el debate se centra en que se extralimitó en hacer lo que le correspondía. Quizá pensó que colaborando de esa manera sería elogiado como un gran servidor público; sin embargo, lo que dejan ver sus acciones es que permitió a un gobierno extranjero operar abiertamente en el país, y eso, guste o no, se llama traición a la patria. Y antes de que digan algo, les pregunto: ¿qué pasaría si fuera al revés? ¿Qué creen que hubiera hecho el gobierno estadounidense si elementos de inteligencia mexicanos estuvieran operando encubiertos en su territorio? Por supuesto que, mínimo, les darían una razón para invadirnos, mínimo.

Para evitar los errores del pasado, es necesario conocer la historia. Y no, exfiscal Jáuregui, no eres un héroe.

 

Reenviado

“Tiene que seguir la investigación, no para con una renuncia, tiene que seguirse investigando…”

– Claudia Sheinbaum Pardo

 
Presidenta de México