Ayer me dormà pensando en las dificultades que encontramos los seres humanos para poder adaptarnos a esta vida; pensando también, en la inexplicable competencia entre mortales, suscitada por la vanidosa pretensión de ser poseedores de la verdad, de sentirnos superiores unos a otros, y de cómo lastimamos a los demás, tratando de imponer nuestras ideas; pensando además, de cómo abusamos del poder y de la fuerza para someter a los que siendo iguales, consideramos que son débiles y que por ser débiles son diferentes.
Ayer mi sueño me causó inquietud, desasosiego, y me mortificó, al grado que me hizo despertar por la madrugada y ya entre dormido y despierto, continuar soñando, hasta llegar a asegurar, que hay tiempo para meditar, un tiempo para esperar y otro para actuar; hay tiempo para evaluar los resultados de nuestras intervenciones, un tiempo para lamentar el habernos equivocado, o para festejar nuestros aciertos; pero hay algo que no se mide por el tiempo, al menos, no por el tiempo ordinario, porque es un componente esencial en la vida de todo ser humano, me refiero al amor; entonces, pensé en el hecho de que se ama desde el momento de la concepción, hasta el momento de la transición, en la que ocurre la liberación del espÃritu del cuerpo material que éste habitó, para alcanzar su maduración. Entendà que este proceso, consolida el deseo de todo ser, a vivir para siempre, disfrutando del amor eterno, en un universo eterno.
Llegué a pensar que durante el proceso de evolución de nuestra maduración espiritual, muchos enfrentamos resistencias, motivadas por nuestra idea de que somos seres terrenales, cuando la verdad, es que somos parte de la esencia universal concebida como divina, de tal manera, que somos energÃa pura, con sobrada capacidad de renovarnos con cada ciclo de vida. Hoy estamos en un cuerpo, y en el momento indicado, estaremos viviendo en un ser diferente o con una estructura bien definida, como ser humano según las necesidades del espÃritu.
En esa experiencia, que se antoja por demás confusa y de ficción, pude concluir, que el hecho de que algunos adelanten el proceso de transición de la liberación del espÃritu, es porque deben de reiniciar el ciclo de vida, para evitar la comisión de errores, que impidieron que el vehÃculo corporal que contiene al espÃritu, continuara en armonÃa, al cargarse de un exceso de energÃa negativa, proporcionada por las adherencias terrenales, que a través de sentimientos, conocidos como odio, ira, venganza, egoÃsmo, envidia, celos, vanidad, prepotencia y más, mismos que se fueron almacenando en nuestra memoria a través de pensamientos negativos, que lograron reprogramar nuestra misión original.
Cuando por fin abrà completamente los ojos, el dÃa era aún oscuro, y en la oscuridad se puede tropezar y se pueden cometer errores. Esperé pues la claridad que da la luz del dÃa, para constatar que ya estaba despierto.
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