“El juez es un estudiante de leyes que corrige sus propios exámenes…”
Henry Louis Mencken
Mucho del pasado en la opinión de quien escribe, merece ser conservado en el ámbito del servicio público. Y uno de los ejemplos más relevantes es el que atañe al Poder Judicial.
Para ser más claro, me refiero a la definición ahora por votación abierta, de jueces, magistrados y ministros, al margen de su competencia estatal o federal.
Expongo el tema porque se acaba de cumplir un año de trabajo del recién renovado Poder Judicial del Estado, en donde el relevo de juzgadores se llevó a cabo en cumplimiento de la nueva normatividad. Es decir, por elección popular.
Casi en paralelo, apenas un día antes de que se celebrara el evento para dar cuenta de los avances en los tribunales plasmados en el informe de su titular en sus doce meses de nueva vida, la Universidad Autónoma de Tamaulipas dio a conocer un dato de suma importancia.
Me refiero a un convenio realizado por esa casa de estudios para abrirle la puerta de ese Poder a cerca de 3 mil estudiantes de sus facultades de Derecho y otras escuelas con bases docentes jurídicas, para que desarrollen prácticas y servicio social en juzgados y otras áreas que incluye el mismo.
En lo personal me parece un gran acierto universitario y fundamental no sólo para que los futuros profesionales exploren su posible futuro campo laboral, sino para garantizar desde ahora a la sociedad la aplicación correcta del Estado de Derecho, al permitir que los potenciales impartidores de justicia conozcan también a edad temprana, fuera de las aulas, los vericuetos de los tribunales, que será oro molido para la práctica de la abogacía y otras profesiones. Bien por la UAT, merece reconocimiento por la aportación adelantada que hace a la aplicación de la justicia.
Y, sin embargo, algo que no es responsabilidad del Alma Mater me hace ruido. Le expongo en una pregunta si me permite, el porqué de esta inquietud personal.
¿Cuántos de esos 3 mil alumnos y alumnas que tendrán esa oportunidad de aprendizaje podrán llegar tras graduarse a ese Poder Judicial?
No está en mi ánimo ser pesimista, sino ser realista. Es necesario advertirlo, la nueva modalidad -democrática le llaman- aplicada para nombrar a los futuros portadores de toga y mazo, puede convertirse en su principal obstáculo, al agregar la volatilidad del voto popular a la indispensable capacidad jurídica que seguramente poseerán al egresar de su universidad, pero sujeta a la simpatía de los ciudadanos…
No comulgo con la reforma que le da al voto anónimo, el poder de elegir a quien debería ser el o la más capaz para interpretar y aplicar la ley. Si en incontables ocasiones no conocemos el valor de candidatos que recorren calles y hogares para obtener la aprobación en las urnas, mucho menos en lo general tenemos una mediana idea de la competencia profesional de quienes buscan un puesto en un tribunal si sólo conocemos su nombre y en la mayoría de los casos no sabemos ni jota de su preparación.
insisto, el objetivo de nuestra Alma Mater merece pleno reconocimiento por la aportación adelantada que hace a la aplicación de la justicia. Debe dársele a la UAT el mérito indiscutible por ese apoyo institucional.
Con seguridad hay muchos juzgadores con plenos merecimientos profesionales, que resultaron electos. MI respeto a todos ellos y ellas, pero –una disculpa por no coincidir– una de las buenas cosas del pasado era precisamente nuestro Poder Judicial.
Valía la pena conservar gran parte del mismo…
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