En los últimos días las redes sociales se han llenado de un término que, quizá para muchos, era desconocido, los therians.
Son jóvenes que dicen identificarse, de manera emocional o espiritual, como animales. Algunos usan colas, orejas, caminan en cuatro patas, gruñen, maúllan o ladran frente a la cámara. Y lo muestran con orgullo.
Y quiero hablar de ésto no para burlarme ni para señalar, pero sí para decir algo que muchos pensamos y pocos se atreven a expresarlo públicamente y es que algo no está bien.
No es normal que una generación esté buscando escapar de su propia condición humana para sentirse mejor.
Podemos decir que es una etapa, que es moda, que es creatividad, que es libertad de expresión. Pero cuando vemos que este fenómeno crece y se multiplica, no podemos ignorar lo que hay detrás.
¿De verdad nuestros hijos se sienten tan poco suficientes como personas que necesitan convertirse en algo más?
Estamos frente a una generación que vive expuesta las 24 horas. Redes sociales que comparan, que presionan, que etiquetan. Jóvenes que no se sienten suficientes; sienten que nunca son lo bastante bonitos, bastante exitosos, interesantes o aceptados. Y cuando un adolescente no encuentra identidad, la busca donde sea.
A veces la encuentra en una moda.
A veces en un grupo.
A veces en algo que le permita escapar de lo que le duele.
Muchas veces ésto puede ser una vía de escape de problemas como ansiedad, bullying, depresión, conflictos en casa, soledad. Jóvenes que están gritando que no están bien, aunque no lo digan con palabras.
Y aquí es donde debemos voltear a vernos como adultos. No se trata sólo de lo que hacen ellos. Se trata de lo que estamos dejando de hacer nosotros.
¿Cuánto tiempo real estamos dedicando a escuchar a nuestros hijos?, ¿Cuánto acompañamiento emocional reciben?, ¿Quién está educando su identidad, nosotros o el algoritmo?
Lo que estamos viendo no es una simple moda rara. Es un síntoma.
Un síntoma de vacío.
De soledad.
De falta de esperanza.
Nuestros jóvenes no están locos. Están buscando sentido. Y si no lo encuentran en casa, lo van a buscar afuera. Estamos fallando en acompañar a quienes más nos necesitan.
Este fenómeno no es el problema, sino el síntoma de una sociedad que está creciendo sin dirección y que debe ser atendido.
¿No cree usted?
Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…