Las preguntas siguen vigentes:

¿Qué es lo que realmente busca Acción Nacional en Tamaulipas con la inclusión de militantes de otros partidos como posibles candidatos en este año?
¿Eapera obtener más votos?… ¿Trata de aprovechar las estructuras que aún conserven esos institutos?… ¿Podría ser un intento de evitar que MORENA los madrugue en esa operación?

Sólo la última opción tiene alguna dosis de credibilidad, pero en el resto no lo creo. Y le diré el porqué de esta percepción.

En realidad, ninguno de los personajes que ha incorporado hasta ahora el panismo puede garantizar a los albiazules que arrastrarían hacia ellos todos los votos que un día llevaron a sus establos originales, especialmente al del PRI.

Peor aún, el panismo enfrenta un probable voto de castigo de sus propios simpatizantes ante la inminente marginación de sus cuadros históricos.
En cuanto a las estructuras que perviven en el PRI o en el PRD, debilitadas casi hasta el raquitismo y en gran medida despobladas por la migración de muchos de sus integrantes, apenas ofrecerían un apoyo más simbólico que real.

¿Entonces?

Revalidando la vieja lección política que asienta que las elecciones se ganan cuando mucho en un 40 por ciento durante la promoción del candidato y un 60 precisamente en la operación del día que se deposita el voto, la simpatía de una u otra figura, por lo menos hoy en Tamaulipas, pierde valor.
No es especulación. La capacidad de acción panista arropada por la maquinaria del Gobierno del Estado se manifestó sin pudor en las elecciones locales anteriores, en donde observadores y funcionarios electorales prácticamente se esfumaron para dejar la mesa puesta al PAN, cuyos operadores en muchos casos manejaron a placer las urnas en espacios paralelos a las propias casillas. Para eso, el panismo tamaulipeco no necesita ni al PRI ni al PRD. Para nada.

Aventuraré entonces una hipótesis:

El PAN busca anticipar la legitimidad de los triunfos que hoy tiene armados en el pizarrón. En otras palabras, busca desde ahora, con personajes populares o por lo menos relevantes, así sean de otros colores y siglas, sembrar en el presente en el imaginario colectivo la certidumbre de que sus esperadas victorias a futuro difícilmente puedan ser cuestionadas.

Busca que en las cifras que pueda conseguir a su favor no quepan las sorpresas ni resultados inesperados. Si fueron ganadores antes… ¿Por qué no otra vez?

Puede ser imaginación desbordada la de su servidor, pero los antecedentes de cómo opera la estructura panista no son inventados. El PAN, ya se vio, se mueve como pez en el agua en la operación electoral. Le falta así, sólo asegurar desde hoy un factor casi divino ante la inminente lucha en tribunales: La legitimidad.

Les han dicho de todo a los panistas, sí, pero nadie ha dicho que sean tontos…

REGLA DE ORO

Alguien me preguntó en estos días mi opinión sobre el que para algunos, es inesperado pero exitoso desenvolvimiento de la alcaldesa de Victoria.
En mi opinión, dos factores destacan en ese tema.

El primero es haber desaparecido la soberbia de su antecesor para bajarle dos rayitas al distanciamiento y dialogar con todos los sectores: Empresariales, populares, productivos y hasta adversarios políticos. Así obtuvo inicialmente su atención y más tarde la gradual recuperación de su confianza y apoyo.

El segundo es igualmente importante. Dejó atrás la nociva centralización del mando que prevalecía con Xicoténcatl y aplicó lo que todo administrador debe manejar como regla de oro: Delegar autoridad para simplificar y por lo tanto para agilizar la dinámica municipal. Y no creo que haya sido sencillo…

EL MÁS ODIADO

Ricardo Anaya debe ser en estos momentos el panista más odiado en el Gobierno del Estado. Su decisión de buscar la candidatura azul en 2024 a la Presidencia es un choque frontal con el acariciado en público y en secreto, proyecto tamaulipeco hacia el Ejecutivo federal. ¿Habrá acuerdo o habrá guerra?…

Twitter: @LABERINTOS_HOY