El Congreso de Tamaulipas realizó esta semana su Cuarta Sesión Itinerante, ahora en Matamoros, bajo el argumento de sumarse a las actividades por el Bicentenario del municipio.

Hay quienes ven positivo que los diputados salgan del recinto legislativo y recorran el estado, dicen que eso acerca el Congreso a la gente. Pero también están los que cuestionan los gastos adicionales que generan estas “saliditas”, porque no solo implica habilitar otro recinto para sesionar, sino que además los diputados reciben viáticos adicionales a su dieta mensual, que ronda entre los 70 y 75 mil pesos, para cubrir traslados, hospedaje y alimentación.

Y para acabarla de amolar… no todos acudieron. Ya se imaginará usted quiénes fueron los grandes ausentes.

De los 36 diputados, asistieron prácticamente todos, excepto los legisladores del PAN, quienes no se presentaron ni a comisiones ni al pleno, sin que hubiera una justificación pública oficial. Ya ve usted que no les siguen mucho el rollo a los morenos. El único panista que sí asistió fue José Schekaibán Ongay, diputado por Tampico.

No es la primera vez que vemos este tipo de desplantes. Y más allá de las diferencias partidistas, lo preocupante es que se afecta el trabajo legislativo. Porque una cosa es la confrontación política y otra muy distinta es dejar la silla vacía.

¡De perdido que desquiten la dieta!

Ante estas ausencias, los diputados de Morena y sus aliados aprobaron una reforma para establecer de manera expresa la obligación de asistir puntualmente a sesiones de Pleno, Diputación Permanente, comisiones y comités. Se regulará el registro de asistencia, la justificación de faltas y las consecuencias por inasistencias injustificadas.

¿La sanción?

Descuento económico por cada sesión a la que no acudan. Y si acumulan tres faltas consecutivas o seis discontinuas en el mismo periodo ordinario, procederá la suspensión y el llamado del suplente por el resto del periodo.

Así como a usted y a mí nos descuentan el día cuando no vamos a trabajar, ahora a ellos también comenzará a afectarles el bolsillo.

Porque si un diputado gana entre 70 y 75 mil pesos mensuales, entre salario base, dieta legislativa y otras percepciones fijas, lo mínimo que se espera es que cumpla con su responsabilidad. No es un favor el que hacen al asistir, es su obligación.

La representación democrática no puede ser selectiva ni condicionada al ánimo político del día. Si se quiere debatir, que se debata. Si se quiere votar en contra, que se vote en contra. Pero que se presenten.

Porque no asistir no es protesta, es irresponsabilidad. Y la silla vacía manda un mensaje claro de que el ciudadano no es prioridad.

¿No cree usted?

 

Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales.