En un abrir y cerrar de ojos todo cambia, sin desear ser o parecer egoÃsta, pienso en mÃ, en el tiempo por venir, aunque nadie tenga la seguridad de que pueda contar con ello; pienso en mi vida, en lo que he logrado y en lo que se quedó en el camino, en lo que está ocurriendo dÃa con dÃa y en la imposibilidad mental o fÃsica para aferrarme a este tiempo, que no parece mÃo, incluso, que no parece ser de nadie.
Pienso en lo incongruente de mi respuesta a situaciones que exigen mayor cordura, pero si mi voz se escucha cada vez menos, según mi propia estimación de lo que ocurre, tiene mucho que ver con las respuestas de aquellos con los que interactúo, que sin estar conscientes de todo lo que ocurre, creo que inconscientemente buscan aferrarse a la vida de los demás, a los hechos generados por una sociedad que ha perdido su capacidad de asombro, pero ha reforzado su habilidad para adaptarse para sobrevivir en un planeta cuya viabilidad se evapora dÃa con dÃa.
Cuando siento que no estoy avanzando para ponerme al dÃa para sentirme parte de un escenario que cambia constantemente, que de ser dramático, pasa a ser comedia, que de terrorÃfico, pasa al suspenso lleno de misterio, que dejó de ser alentador de esperanzas, para vivir en armonÃa, para sentir efectivo el disfrute de todo lo que divinamente nos fue legado; trato de voltear atrás, a ese pasado que muchos han dado por muerto, pensando que el ayer tuvo su fin, y que en el hoy es en el que debemos de poner todo nuestro esfuerzo para aspirar a ser felices.
Ayer disfrutaba de la amorosa compañÃa de mis padres, ayer, caminaba por las calles tomado de la mano de mi amada, saludando cortésmente a los transeúntes, admirando las construcciones y viviendo junto a sus dueños las historias familiares; ayer reÃa de las ocurrencias de mis jóvenes amigos, diseñando planes para un mañana lleno de gratas sorpresas.
Hoy, veo y siento con tristeza, que la peor de las pobrezas que se vive, no son las que impone el carecer de una economÃa saludable que condena a la marginación al hombre, la peor pobreza se vive, cuando las mezquinas ambiciones le roban los sueños a los que siendo pobres de espÃritu, no pueden aspirar a otra vida porque los que se apoderaron de la tierra, ahora luchan por robarse el cielo.
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