Las marchas del 8 de marzo volvieron a recordarnos que cuando la justicia tarda o no llega, las calles se convierten en la única voz que queda.
En Tamaulipas, el Día Internacional de la Mujer no pasó desapercibido. Miles de mujeres salieron a marchar en al menos seis municipios del estado. Convocadas por distintas colectivas feministas, las calles se llenaron de consignas, carteles y testimonios.
El mensaje fue claro, las mujeres quieren vivir sin miedo. Porque en Tamaulipas todavía pesan historias dolorosas de feminicidios, desapariciones y agresiones que siguen esperando justicia.
En Ciudad Victoria, cerca de 600 mujeres participaron en la movilización, que en su mayoría transcurrió de manera pacífica. No hubo incidentes graves. Pero sí hubo algo que marcó profundamente la jornada, las voces de quienes decidieron hablar.
Una de ellas fue la médica residente Daniela García.
Su caso ha estremecido a Tamaulipas y ha generado una fuerte indignación en todo el país. Daniela denunció públicamente haber sido víctima de una agresión sexual junto con otra compañera dentro del Hospital Infantil de Tamaulipas.
Sí, dentro de un hospital. Un lugar que debería ser sinónimo de cuidado, protección y confianza.
Durante la marcha, Daniela tomó el micrófono y exigió justicia y denunció que, además de enfrentar la agresión, ha tenido que lidiar con desinformación, ataques y revictimización desde que decidió hacer pública su historia.
Hoy la investigación está en manos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Tamaulipas, encabezada por el nuevo titular Eduardo Govea Orozco. Las autoridades han informado que el caso está esclarecido y que ya hay avances en el proceso penal, incluso con la detención de al menos dos personas, aunque esto último no está del todo claro y la opinión pública exige información precisa.
Las victimas, por su parte, piden garantizar que hechos así no vuelvan a repetirse.
Especialmente en un entorno tan delicado como el sistema de salud, donde los médicos residentes trabajan jornadas muy largas, bajo estructuras que muchas veces los dejan en condiciones de vulnerabilidad y aunque autoridades aseguran que se han establecido mayores candados de seguridad, el temor persiste.
Son historias muy duras.
Historias que duelen.
Pero son Historias que también nos recuerdan que cuando una mujer se atreve a hablar, muchas otras encuentran el valor para hacerlo también.
Y quizá esa sea la verdadera fuerza de este movimiento “8M”.
Que cada vez hay más mujeres dispuestas a levantar la voz, a exigir respeto y a no conformarse con el silencio.
Que Dios los bendiga, gracias.
Leo sus comentarios en mis redes sociales.