Vamos a hacer las preguntas en el orden que importa. ¿A poco el sistema no sabía cómo se manejaban los contratos en el Instituto Nacional Electoral? ¿A poco nadie en la Cámara de Diputados, nadie en la Auditoría, nadie en la Unidad de Inteligencia Financiera tenía una idea aproximada de quién le vendía las boletas y las urnas a la autoridad que organiza nuestras elecciones? ¿Y por qué justo ahora, a ocho meses de la elección federal de 2027?
Empiezo por la primera, porque tiene respuesta y está por escrito.
Sí sabía. En marzo de 2023, cuando se armó el proceso para elegir a la presidencia del INE, el comité técnico de evaluación que revisó los perfiles dejó asentada la observación de que Guadalupe Taddei era poco idónea para el cargo por su cercanía con miembros del partido en el poder. Una integrante de ese comité, Maité Azuela, firmó un voto particular por esa misma razón cuando se definieron las listas de finalistas. No fue un rumor de pasillo ni una filtración: fue un documento público, firmado, a disposición de quien quisiera leerlo.
Y entró de todas formas. Entró porque los partidos no se pusieron de acuerdo para votarla con las dos terceras partes que exige la Constitución, y porque cuando eso ocurre la ley manda resolver por insaculación. Por tómbola. Así llegó a la presidencia del INE la mujer que renunció ayer: su nombre salió de una urna, el 31 de marzo de 2023, en una rifa que se hizo lista por lista.
Deténgase en el detalle, porque ahí está todo. El sorteo fue aleatorio, cierto. Pero la aleatoriedad empezó a operar después de que alguien decidió cuáles nombres iban en las listas. Una tómbola entre cinco perfiles previamente seleccionados no produce neutralidad; produce coartada. El azar no escogió a nadie: escogió entre los que ya habían sido escogidos.
Ahora el presente. El domingo Taddei anunció su renuncia y la presentó a la Cámara este lunes, después de que el propio INE publicara el comunicado, lo borrara de sus canales y lo volviera a subir, en una secuencia que habla por sí sola del orden interno de la casa. El escándalo viene de los videos que la muestran en trato cercano con Alfredo Hernández, proveedor de insumos electorales cuyas empresas recibieron contratos por 198 millones de pesos del INE tan solo en 2024. La Auditoría Superior y la Unidad de Inteligencia Financiera investigan adjudicaciones en varios estados. Y quienes pidieron su salida con más fuerza, y hasta hablaron de juicio político, fueron legisladores de Morena.
Con eso contesto la segunda pregunta. ¿Por qué ahora? Porque cambió el precio, no los hechos. Un régimen cuida a los suyos mientras cuidarlos sale barato, y los suelta el día que sostenerlos cuesta más que reemplazarlos. La fecha de la caída no nos dice cuándo se corrompió alguien. Nos dice cuándo dejó de ser útil.
Y aquí está el fondo moral del asunto, que va más allá de una señora y unos contratos.
La independencia de un árbitro es una posición, no una virtud de su carácter. Se tiene o no se tiene según de quién esté uno cerca, y por eso se exige antes de nombrarlo y no después. Cuando se sienta en la silla del árbitro a alguien próximo a un equipo, lo grave ocurre aunque nunca haga trampa: ya nunca vamos a poder distinguir entre sus decisiones honestas y sus decisiones convenientes. Tres años y medio de acuerdos del Consejo General quedaron ilegibles de golpe. Los que estuvieron bien tomados también.
Cicerón sostenía que la república es la cosa del pueblo, y que donde una facción se apropia de ella deja de haber república, y no solamente una república enferma: sobrevive el nombre y se va la cosa. Los edificios siguen en su lugar, el instituto sigue existiendo, las elecciones se siguen organizando puntualmente. Lo que se vacía es la condición que hacía que todo eso significara algo, que es la certeza de que quien cuenta los votos no le debe nada a quien los recibe.
Por eso lo que sigue me preocupa más que lo que pasó. La sustitución se resuelve en cuatro o cinco semanas, y quien llegue va a terminar el periodo hasta 2032: va a organizar la elección federal de 2027 y la presidencial de 2030. El procedimiento es el mismo de hace tres años. La Cámara integra un comité técnico, el comité evalúa y arma las listas, y el pleno vota con dos terceras partes o, si no las reúne, vuelve a la tómbola.
Lea eso con la cabeza fría. Quien domina la Cámara no necesita ganar la votación final. Le basta con controlar quién hace la lista. Una rifa amañada sigue siendo una rifa, y además tiene la ventaja de que se puede presentar como imparcialidad.
Antes de cerrar, un apunte para que nadie se vaya tranquilo. La tómbola de 2023 existió porque el PAN se negó a negociar un acuerdo. Esa negativa, que en su momento se presentó como firmeza, es la que entregó la presidencia del INE a un sorteo. La oposición también puso una pieza en este desastre.
En cuatro o cinco semanas tendremos nueva presidencia del Instituto. Si sale por acuerdo de dos terceras partes, habrá que preguntar quiénes lo acordaron y qué se llevó cada uno.
Y si vuelve a salir de una tómbola, acuérdese de que alguien escribió los papelitos.