Se va la canícula en 4 días, paulatinamente bajarán las temperaturas y el primer “norte” llegará sin prisas, mojará las calles y removerá la poca basura que hoy se nota, porque debemos de reconocer que ahora si en Matamoros recogen la basura.

El viento frio incorporará la lluvia como elemento decorativo para dar al otoño un pequeño presagio de lo que será el invierno.

Con el vuelco del clima y el cambio de estación, llegarán las más recientes imágenes de la cultura, para asentarse y recorrer las calles, para sembrar ilusión, para prolongar las fiestas y para conservar el título de la Atenas.

Como si quisieran llorar por la falta de altura, las nubes se tornarán tan grises como esos esfuerzos que nunca son suficientes y que además permitirán observar la cara, la verdadera cara del crudo invierno que se avecina.

Los espejos siempre reflejan la imagen, las lluvias serenas y frescas formarán espejos de agua en cada rincón que irremediablemente nos enfrentarán con la realidad cotidiana.

Esa que quisiéramos no ver pero que nos acompaña siempre, que se viste igual que nosotros, que se peina igual que uno, que se alegra y llora con el mismo sentimiento.

Dicen, que los reflejos son buenos cuando se aprende de ellos, cuando se corrige y se alinea lo que quedó descompuesto, pero también dicen que son terribles, cuando el espejo muestra lo que no se pretende ni se puede modificar y uno es testigo mudo de los estropicios del tiempo.

Las arrugas se hunden con facilidad en la piel cada vez más delgada, cada vez más sensible y los gritos de horror se ahogan cuando el espejo refleja lo feo y detestable que es el alma podrida.

Por eso prefiero los vientos del sur, son los más naturales, los que llegan por lo general secos y no descubren nada, solo revuelven el polvo y lo cambian de lugar, con tan buen tino, que al dejar de soplar parece que no pasó nada.

Los del norte en cambio, traen consigo presagios misteriosos, nunca vienen solos e irrumpen por lo general por la noche, al amparo de la luna y con la complicidad de la oscuridad, para sorprender a todos.

Esos, los bárbaros del norte, nos obligan a cambiar de vestimenta, pues la manga corta no protege y es necesario buscar en el armario, entre una nube de naftalina, algo que proteja un poco los huesos, porque son los que sufren las inclemencias del tiempo.

Que tan malos no serán estos fenómenos, que hasta los animales se asustan, se desorientan, se pierden en el monte y hasta en el territorio debidamente limitado.

Lo bueno es que el invierno es más corto que el verano, o al menos esa es la sensación, la verdad se asoma cuando sale el sol y se puede uno percatar de que éste existe y de que está dispuesto a prodigar calor.

Calor que generará la energía suficiente como para desaparecer los espejos en las calles, los cuales se volatizarán desapareciendo en el ambiente la única posibilidad de verse reflejado.

Pensándolo bien, concluido agosto y comenzando septiembre, tal vez sea mejor, por salud mental, vivir FUERA DE LA REALIDAD.

Jorge Alberto Pérez González

 

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