Hoy, si me permiten, me alejaré un poco de la política para abordar un tema que durante años y especialmente en los últimos meses cercanos, ha ocupado espacios extensos en diversos sectores.
Me refiero al uso de teléfonos celulares en la niñez. Específicamente ahora, en los alumnos de enseñanza básica y media. Tamaulipas no ha sido una excepción en esas acciones.
A coro, docentes, pedagogos, sociólogos y políticos claman por el control de ese tipo de comunicación. La justificación es, como acostumbra decir hoy la actual generación del poder, que es por el bien de todos. Aplaudo el objetivo, pero me parece que el tema requiere profundizar algo más que en el simple bloqueo de esos aparatos.
Expongo aquí dos aspectos que considero pertinentes.
El primero: No me opongo a la prudente regulación de esa modalidad comunicacional en las edades tempranas, porque, todos lo sabemos, hasta lo que es muy bueno termina mal si se abusa de ello, pero tengo una observación para quienes intentan aplicar controles sobre su uso dentro de los planteles.
Si realmente queremos tener avances entre los niños en ese sentido, empecemos con nosotros, los adultos. Con todos los que pedimos reglamentar los teléfonos y en lo personal somos adictos, por gusto o por necesidad, de los mismos.
Haga una pequeña prueba en un café, en una oficina, en un parque, en cualquier lugar donde se reúnan personas. Nueve de cada diez si no es que todos, lo consultan casi sin interrupción, cerca físicamente pero alejados en su interrelación. ¿Cómo pedirles a los pequeños que no lo usen si nosotros recurrimos al celular como el sediento al agua?
Ojalá los adultos diéramos el ejemplo de lo nocivo que puede ser para la salud el exceso de actividad con esas herramientas. Recordemos que para los niños el ejemplo es el mejor aprendizaje. ¿Estamos dispuestos a ese cambio?
El segundo factor que expongo, es un estudio sobre los efectos del celular en la falta de socialización y el desapego a la lectura. Un estudio de universidades finlandesas como Eastern Finland, apunta a una relación más compleja de lo que suele asumirse: En la mala fama de teléfonos y tabletas.
Oh sorpresa: El estudio arrojó que una mayor exposición a las pantallas durante la infancia se asocia con un mejor procesamiento cognitivo durante la adolescencia.
En un universo de 260 participantes, 124 chicas y 136 chicos, con una edad media de 15,8 años, se evaluaron aspectos como el aprendizaje, la atención y la memoria.
Quienes habían declarado pasar más tiempo frente a pantallas desde la infancia presentaban mejores tiempos de reacción, mayor precisión en las pruebas de memoria y, en términos generales, un mejor procesamiento cognitivo durante la adolescencia frente al resto. ¿Sí o no es positivo su uso?
Como decía el genial Cantinflas: Ahí está el detalle…
QUE NO SEA EL DINERO EL IMPEDIMENTO
En la cauda de malas noticias que inundan al país, es refrescante encontrarse con buenas nuevas. La Universidad Autónoma de Tamaulipas está incorporando a su alumnado de bajos recursos económicos a integrarse al programa Beca Futuro Tamaulipas, Jóvenes de Nivel Superior, que impulsa el Gobierno del Estado a través del ITABEC.
El objetivo es plausible por donde se le vea. La meta es que ningún estudiante abandone las aulas por cuestiones socioeconómicas. En este escenario, la UAT dispone de una red de enlaces y personal de orientación en cada una de sus dependencias académicas para guiar al alumnado en la gestión de este trámite e inclusive acompañarle en el proceso de postulación. Si dos palabras pueden definir a este beneficio, serían en mi opinión equidad e inclusión. Y si es para la formación profesional, es aún más importante…
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