El episodio de violencia ocurrido hace unos días en Matamoros volvió a poner el tema de la seguridad en Tamaulipas en la conversación pública.

Todo ocurrió el domingo 17 de mayo, por la mañana, muy cerca del Consulado de Estados Unidos en Matamoros. Agentes federales que terminaban su jornada laboral, algunos asignados precisamente a la protección del consulado estadounidense, fueron impactados por una camioneta. Esto derivó en una persecución y posteriormente en un enfrentamiento armado que dejó un agente federal muerto y otro más herido por impacto de bala.

El caso generó atención inmediata no solamente por la gravedad de los hechos, sino por la relación de los elementos con la seguridad diplomática de Estados Unidos.

La propia cónsul estadounidense condenó el ataque y posteriormente vino el reforzamiento federal en la zona con la llegada de más elementos de seguridad enviados por Omar García Harfuch.

Y aunque hoy la situación parece mucho más controlada, evidentemente, el problema no ha quedado resuelto. La frontera de Tamaulipas históricamente ha sido una región complicada en materia de seguridad y eso no se resuelve de la noche a la mañana.

Las zonas fronterizas y algunos ejidos siguen siendo áreas sensibles por la movilidad criminal, el tráfico y la disputa territorial que durante años ha existido en distintas regiones del Estado.

Tras estos hechos, el gobierno del estado informó sobre el despliegue de entre 100 y 150 elementos federales adicionales en Matamoros, además del fortalecimiento de operativos coordinados y reportó la captura de ocho personas presuntamente relacionadas con el homicidio del elemento federal.

De hecho, mientras ocurría este reforzamiento de seguridad, el gobernador Américo Villarreal abordaba precisamente el tema durante su programa “Diálogos con Américo”, destacando que Tamaulipas logró colocarse dentro del top 10 nacional de estados con mejores condiciones de paz, según indicadores internacionales.

Y si, Tamaulipas ya no vive los niveles de violencia extrema que se registraban hace diez o quince años. Hoy existe mayor actividad comercial, más movimiento carretero, más vida nocturna y una percepción distinta en muchas ciudades donde antes la violencia dominaba prácticamente la vida diaria. Y eso hay que reconocerlo porque el pronóstico al inicio del sexenio era muy complicado.

Sin embargo, hechos como el de Matamoros nos recuerdan que el problema no ha desaparecido completamente y que la estabilidad sigue siendo frágil sobre todo en la frontera.

Una cosa es que hayan mejorado los indicadores y otra pensar que el problema ya está resuelto.

El verdadero reto para cualquier gobierno no es solamente reducir cifras, sino lograr que la tranquilidad se vuelva permanente y sostenible para las familias.

Y ahí todavía falta camino por recorrer.

¿No cree usted?

 

Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…