Llama poderosamente la atención el hecho de que un comunicado del Congreso del Estado nos hace ver que pugnarán nuestros legisladores por propiciar que en las escuelas haya más actividad física, considerando la importancia de estas acciones en la salud de cada uno de nuestros hijos. Nada nuevo.
Qué bueno que los legisladores se hayan percatado de que se requiere el ejercicio, aunque para ello hayan tenido que consultar con la Fundación “Movimiento es Salud, A.C.”, quienes les hicieron ver la pertinencia de la actividad física.
Recordamos que hace unos siete o quizá hasta diez años se legisló al respecto: a nivel federal, el Congreso de la Unión estableció como obligatoria la realización de actividad física en escuelas del país, lo que fue secundado en ese entonces por el Congreso tamaulipeco. Esta acción se conoce desde hace muchos años: el viejo dicho de “mente sana en cuerpo sano” nos da la razón, y nos ubica hace más de cien años cuando el ejercicio era muy bueno para la salud como hoy lo sigue siendo.
Es de las pocas cosas que no ha perdido actualidad.
Entendemos que se sugirió e indicó que todos los días hubiera al menos una hora de actividad física, lo que han incumplido los maestros, tanto del SNTE como de la tormentosa CNTE, lo que nos hace ver que han servido las leyes para dos cosas, cuando la apatía magisterial invade los planteles.
¿Pretextos? Muchos, como el que no tienen infraestructura necesaria, que no hay balones, que hace calor y más; lo cierto es que, cuando nuestros abuelos acudían a la primaria ya se sabía de los beneficios del ejercicio, y se practicaba sin tanta alharaca, lo que nos llevaba a tener una juventud mucho más sana y menos obesa que la que padecemos hoy: sentada en cualquier parte, con un teléfono móvil en la mano, y sin querer hacer más ejercicio que el de sus dedos para manejar redes sociales.
Es la triste, cruda y clara realidad que vivimos. Lo grave de este asunto es que los padres solapamos estas acciones, y tenemos muchos pretextos: el trabajo, la falta de tiempo, el que ahora los dos trabajamos y no como antes, etcétera. Muchos pretextos de maestros, de padres y de quien interviene en la formación de los nuestros.
El resultado: niños obesos, estresados, acelerados, llenos de problemas nerviosos y más, pero siempre obesos, que presumen su humanidad más que corpulenta como si fuera un tesoro, cuando es lo peor que podemos hacer por ellos.
Algunos terapeutas no se explican cómo los padres dicen amar a sus hijos y les permiten estar así, obesos, gordos, con sobrepeso, pero nada de normalidad en su constitución física.
Así que, nuestros legisladores no han descubierto nada nuevo, y somos de la idea de que deberían leer un poco las leyes existentes y sus contenidos. ¡Vaya! Por comisión, que se hagan el propósito de buscar qué hay de leyes en su tema, y que busquen una actualización o ver que se cumplan como están al menos.
Porque, una ley que nos lleva a tener más actividad física existe hace muchos pero muchos años. El chiste es cumplirla.
Ya es hora de trabajar en forma conjunta directivos, profesores, alumnos y miembros de la familia en pro de los estudiantes de hoy: dejar de solapar vicios y costumbres nada propias y hacer que muevan el esqueleto, que hagan ejercicio, actividad física y se sacudan esa apatía que nos lleva a pensar en un futuro muy incierto, lleno de enfermos crónicos pro el sobrepeso y sus consecuencias, entre otras enfermedades que nos están ya matando a los seres humanos.
Urge, sinceramente, instrumentar estos programas pero francamente, que se hagan realidad y dejen de ser papeles en la dirección de la escuela, porque así no sirven más que de pretexto para unos cuantos, y para engordar el caldo a los directivos, así como el volumen de nuestros alumnos.
Como que ya es hora de tomar el papel en serio y educar como se debe, ¿no cree usted?
Comentarios: columna.entre.nos@gmail.com