Las palabras de Adriana Montiel al asumir este domingo la dirigencia de Morena, de que quienes encabecen las candidaturas deberán estar limpios de señalamientos de corrupción ¿se convertirán en realidad o sólo se quedará en un acto de demagogia política más?
Y es que, después de las acusaciones del gobierno de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya por nexos con grupos del narcotráfico, el partido guinda ha prometido que blindará sus candidaturas y que mujeres y hombres manchados con sospechas de corrupción y relacionados con grupos criminales, no los representarán.
La nueva dirigente morenista fue contundente al afirmar que los corruptos no tienen cabida en el movimiento de transformación que fundó el ex presidente Andrés Manuel López Obrador y qué, si hay certeza de que alguien cometió un acto de corrupción, aún ganando las encuestas, no se le otorgará la candidatura.
¿Cuántos morenistas cumplen cabalmente con una trayectoria impecable? ¿Cuántos morenistas no serán tomados en cuenta como aseguró su nueva dirigente por estas razones? ¿Cuántos tamaulipecos deberán de dejar sus sueños de aparecer en la boleta por ser señalados de prácticas corruptas?
Si verdaderamente las palabras de Ariadna Montiel son órdenes, grande será el reto de Morena, de brindar sus candidaturas de personajes que no representan los ideales de su movimiento y con descaro fingieron que no mentir, no robar y no traicionar serían sus reglas de vida.
En Tamaulipas, más allá de filias personales, el gobernador Américo Villarreal tendrán que decidir muy bien que candidaturas avalará y cuáles rechazará para el 2027, pues una selección equivocada podría tener consecuencias no solo políticas, ni mediáticas, también legales en el futuro, lo que afectaría a Morena en la entidad.
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