Todos hemos caído en estos asuntos, y hemos llegado a la farmacia más cercana a comprar algún medicamento para aliviar alguno de esos “males2 que no sabemos por qué llegan, pero sí con qué se curan.
A veces, en forma displicente, no acudimos con los que realmente saben y han estudiado medicina, por cuestiones diversas: en ocasiones, porque los médicos cobran muy caro en relación con nuestro ingreso promedio en México, porque no tenemos el tiempo suficiente para ir a perder un par de horas haciendo antesala para que nos atiendan, o porque ya sabemos qué tenemos y eso lo cura “cualquiera” que tenga tres sorbos de inteligencia.
Pero no es así.
Recuerda el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la SST, Alejandro García Barrientos que en México es muy elevado el porcentaje de personas que acudimos a la farmacia y nos auto medicamos; también, los que tenemos en casa un enorme y variado botiquín, por lo general, con las “sobras” de otros tratamientos que nunca terminamos, y los guardamos para tener por si nos pasa algo parecido. Típico que cuando algo nos duele, vamos a la cajita a buscar qué tomar.
Finalmente, encontramos la medicina y la ingerimos sin checar siquiera la fecha de caducidad que, dicho sea con honestidad, casi nunca la vemos y puede ser la diferencia también entre el bienestar y el padecer aún más cualquier dolencia.
Y es cuando García Barrientos nos hace ver la importancia que tiene el que cualquier medicamento, por sencillo que parezca, sea indicado por un profesional de la medicina, en cantidades y dosis sugeridas, así como compuestos que son los que deberán hacer su efecto en nosotros mismos.
Y como esto, la Secretaría de Salud capta año con año a miles de personas que se sobre medican o ingieren menos cantidad de la que debieran, contaminando su organismo sin efectos positivos.
Esta es la parte que tenemos que atender en forma más que puntual.
No olvidemos que cuando el médico nos indica una dosis determinada y un tiempo para ingerirla, debe ser exactamente como lo ha indicado, porque sucede que nos sentimos mejor y dejamos la medicina a un lado, “para no envenenarnos con tanto fármaco”, dicen algunos.
El asunto es que no debemos ir a comprar y tomar medicinas a lo loco, porque por algo están reguladas y restringidas muchas: porque hemos hecho mal uso de ellas, y lejos de curar pueden ocasionar problemas de salud.
Cierto: ir con el médico cuesta dinero que no tenemos o tiempo que nos hace falta, pero está en juego la salud, y en ese sentido suponemos que hay que ser muy precavidos, porque ésta -la salud- no vuelve cuando se pierde, o deja cualquier padecimiento secuelas que a veces son irreversibles, y entonces tenemos dos problemas: el añejo y el nuevo propiciado por un auto medicarse en forma equivocada.
Puede usted preguntar a su médico cuando vaya a consulta qué puede tomar en ciertos casos específicos; si usted le da al doctor una buena explicación sobre lo que tiene, él podrá recomendarle qué tomar como medicamento, y podría tener inclusive alguna reserva, siempre y cuando no deje de observar los aspectos fundamentales como son caducidad, contenido y dosis.
Claro, hay que esperar la consulta. Es algo que no se puede evitar, menos hoy en día cuando las instituciones están repletas porque muchos no podemos pagar las tarifas prohibitivas de los especialistas.
Pero tenemos que atendernos, porque con salud podemos estudiar, trabajar y muchas cosas más.
No olvidemos la importancia que tiene este asunto, y dejemos a un lado la medicación propia. No somos médicos, somos otra cosa, y entonces es prudente dejar la medicina en manos de los que saben.
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