Esta semana que terminó fue de muchos sentimientos encontrados; la abuelita de mi esposa Christiane, doña Manira Salomón Zairick, pasó a mejor vida a los 95 años, dejando una familia unida, llena de principios y valores, así como una unidad inquebrantable. Murió llena de amor y atención de sus hijos, nietos y bisnietos. Ruego por su descanso eterno.

El martes de café fue especial, ya que tuvimos la visita de Christian Mbilli, boxeador de Camerún, quien emigró a Francia y posteriormente encontró su destino final en Montreal, poniendo su futuro en manos de un gran promotor de boxeo, Camile Estephan. El Consejo Mundial de Boxeo lo nombró campeón mundial indiscutido de nuestro organismo tras el retiro de Terrence Crawford.

Me encuentro en la ciudad que nunca duerme, Nueva York, y hace un frío que cala hasta los huesos. Nunca había sentido los efectos como ahora, y eso que a mí me encanta la nieve; viví tres años en Massachusetts, pues mi papá me mandó a estudiar la preparatoria cerca de Boston.

Hubo mucha actividad aquí, donde se le conoce como la Mecca del boxeo. El viernes por la noche, la revista The Ring celebró la segunda edición de los Premios a lo Mejor del Año, siendo esta una gala al más alto nivel; una cena en el restaurante Cipriani, en la cual Turki Alalshikh recibió al mundo del boxeo para premiar a un puñado de boxeadores conforme a la selección de su panel.

Durante la cena tuve pláticas muy interesantes con Su Excelencia Turki, quien me honró con sentarme a su derecha, y a la vez con mi queridísimo campeón Canelo Álvarez, quien estaba a mi lado. Saludé a muchas leyendas que se dieron cita en esta gala; Lennox Lewis, Buster Douglas, Bernard Hopkins, Michael Spinks y otro gran querido amigo, Gennady GGG Golovkin. Estaban los campeones actuales Usyk, Mbilli, Skye Nicholson, Claressa Shields, Ricardo Sandoval y muchos campeones y campeonas más.

Hubo un lleno total en el legendario Madison Square Garden; una buena cartelera en la que la pelea estelar fue entre quien subió como campeón ligero WBC, Shakur Stevenson, y el entonces campeón OMB, Teófimo López, quien perdió su campeonato de peso superligero.

La pelea de la noche fue sin duda alguna Bruce Carrington vs. Carlos Castro por el campeonato mundial superpluma WBC; Carrington, conocido como Shu Shu, noqueó de manera dramática al mexicano Castro, logrando la explosión del público, pues es oriundo de Brooklyn. La celebración fue espectacular, llena de emociones, lágrimas y júbilo. Desde niño soñó con ganar el verde y oro y su héroe siempre fue Mike Tyson; hoy ya es campeón y una superestrella en formación.

GGG Golovkin tomó la presidencia de World Boxing, la federación de boxeo reconocida por el Comité Olímpico Internacional y encargada de todo lo relacionado a nuestro deporte para los Juegos Olímpicos. Llega un ícono del boxeo a buscar corregir el camino para uno de los deportes más populares, uno que cuenta con ratings fenomenales y que el mundo sigue con interés cada cuatro años durante la justa olímpica.

La anterior federación fue expulsada por el COI tras décadas de terrible administración y corrupción; mucho que hacer para WB, pero confío en que el héroe kazajo logrará llegar a Los Ángeles 2028 con gran competencia boxística para encontrar las futuras estrellas del boxeo.

Anécdota de hoy… mi papá vivió incontables aventuras en Nueva York por la gran actividad que antes había en el boxeo. La prensa neoyorquina era la más poderosa en nuestro deporte. Había un reportero excesivamente agresivo, quien constantemente agredía, ofendía y difamaba sistemáticamente a don José; no menciono su nombre, ya que sería incorrecto, pues ya falleció. Esto llevó a tener que buscar una denuncia ante la ley. Se ganó la demanda, pero lo único que mi papá buscaba era una disculpa, sin ninguna pena monetaria. Don Majeski, entrañable amigo de mi papá, le insistió en aceptar una comida con dicho reportero. Llegó el susodicho, abrió la carta, pidió el platillo más caro y el vino francés que ni siquiera podía pronunciar…

Al término de la comida, volteó y con un cinismo notorio simplemente dijo: “I’m sorry, José”, se paró y se fue… nunca ofreció la disculpa pública. Curiosamente, al poco tiempo dejó su puesto como reportero, pues Don King lo contrató para llevar la prensa de su compañía y, a partir de ese momento, fue un corderito amigable y respetuoso de mi papá.