Mientras todas las noticias que inundan la televisión, las redes sociales, los periódicos y cada conversación que tenemos giran en torno a la crisis de Medio Oriente y al drama de estar viviendo una guerra que nos atemoriza, escribo esta columna esperando darle un momento de distracción a quien me honra con su lectura.

Tuve el gran honor de lanzar la primera bola en el juego de la selección mexicana de béisbol contra los Diamondbacks de Arizona. Al subir al montículo, el espíritu del gran Toro Valenzuela me invadió y de mi brazo salió tremendo lanzamiento de strike (bueno, al menos eso imaginé en mi mente).

La selección mexicana es una fuerza tremenda y estoy seguro de que hará un gran papel; incluso tenemos posibilidades de ganar el Clásico Mundial de Béisbol bajo la dirección del manager Benji Gil, Vinicio Castilla y el resto del staff de coacheo. Qué gusto me dio saludar a Noé Muñoz, ahora coach del equipo y quien compartió conmigo el campo de ligas pequeñas en la Liga Lindavista.

Por cierto, las Grandes Ligas de Béisbol siguen sin corregir su grave error de nombrar este torneo WBC (World Baseball Classic), que también en español se traduce como CMB. Amigablemente hemos acordado en distintas ocasiones que hagan algo al respecto, pues han infringido nuestra marca con efectos importantes en redes sociales. No hemos querido tomar acción legal.

Mi viaje a Phoenix fue maravilloso. Además de esta gran experiencia en el campo de béisbol, tuve la oportunidad de celebrar algunas reuniones muy productivas y, en las dos noches, disfrutar de cenas memorables con queridísimos miembros de la comunidad del boxeo de por allá.

Cené con Michael Carbajal, ese pequeño gigante que peleó tres veces con Chiquita González; nuestro campeón mundial interino superwelter Jesús Ramos Jr., su papá y el futuro campeón, su hermano Abel; Elijah García y su papá; la valiente peleadora Sulem Urbina con su mamá, a quien quiero mucho; el publirrelacionista Martín Bater con su esposa; mi gran amigo César Verduzco; Martín Reyes, Jacob Tilzer y el doctor Silverman.

También tuve el placer de convivir con mi amigo Fernando Valenzuela Jr., con su esposa, su hermano y demás familia y amigos.

El fin de semana acudimos a la celebración del cumpleaños de la esposa de mi querido doctor Pablo Orozco. Ivonne celebró su llegada al quinto piso. Nos tocó compartir mesa con el grupo de doctores que forma el equipo de mi querido Pablo. Ellos me salvaron la vida cuando tuve una crisis médica en 2018 y hemos creado una amistad muy especial.

Hay algunas profesiones que admiro profundamente, pues quienes se dedican a ellas son personas especiales. Son quienes siempre están ahí para servir a la humanidad, muchas veces en el anonimato, detrás de las cámaras y con sacrificios personales que pocos valoran.

Las profesiones a las que me refiero son, en primer término, los doctores y todos quienes practican servicios médicos; los maestros; los policías y las fuerzas armadas; y los bomberos.

Los doctores prácticamente no tienen vida propia. El tiempo no les pertenece. Están ahí para cualquier urgencia y su atención está siempre con sus pacientes, principalmente cuando hay emergencias.

Platicando con la esposa del doctor Ortiz de la Peña, líder de este equipo de médicos, me comentaba cómo en muchas ocasiones han tenido que cancelar viajes para quedarse a atender a algún paciente grave. Así como eso, hay mil historias de cómo su vida depende siempre de los demás.

Los doctores deben estar siempre listos para atender el llamado. Son muy cuidadosos con su salud, no “se enfiestan” y temprano se retiraron para ir a casa.

Mi amigo Pablo se hizo famoso hace algunos meses en un vuelo: de repente vio cómo una señora se estaba ahogando en pleno trayecto. Se levantó y heroicamente le salvó la vida. Lo increíble fue que nadie se inmutó; los pasajeros siguieron como si nada. Solamente uno que vio lo que sucedió —y que es periodista— se dio a la tarea de comunicarlo y hacer pública la historia.

¿El piloto? Ni las gracias. ¿Aeroméxico? Ni una nota de agradecimiento. Imaginen las consecuencias que hubiera tenido una tragedia así a medio vuelo. Pero ahí estuvo el doctor, y así cada día están listos para actuar, sea donde sea.

Los maestros también los admiro profundamente. Son personas que dedican su vida a compartir conocimientos y a formar la vida de todos quienes pasan por su aula. Todos fuimos estudiantes y todos recibimos el beneficio del trabajo de los profesores, desde el kínder hasta la universidad.

Los policías y las fuerzas armadas los admiro porque salen todos los días a subirse a un ring donde no existen reglas, no hay réferi y luchan siempre por mantenernos seguros. Sin pensarlo, están dispuestos a dar su vida por cualquiera de nosotros. Son verdaderos héroes anónimos.

Los bomberos… qué grandes son estos hombres y mujeres. Nadie valora esta profesión hasta que algún día necesitan de su servicio. Igualmente están dispuestos a sacrificar su vida en cualquier momento y viven al día, esperando recibir el llamado.

El muy querido Santo Padre, el papa Francisco, tenía una increíble capacidad de síntesis. Lograba, en pocas palabras, dar mensajes profundos que dejaban huella.

En una ocasión tuve la fortuna de estar presente en una audiencia junto a mi hermano Héctor. Un grupo de bomberos dio su reporte ante el Papa, quien al terminar su testimonio respondió con su calidez y su maravillosa mirada llena de compasión:

“Todos los días rezo para que todos en el mundo tengan trabajo… también todos los días rezo para que los bomberos no tengan trabajo”.

Sabías que… el día de hoy llegan David Benavidez, gran campeón del WBC en dos divisiones, y el Zurdo Ramírez, campeón unificado de peso crucero, para estar presentes en el tradicional Martes de Café para promover su combate del próximo 2 de mayo en Las Vegas.

Anécdota de hoy…

Mi papá fue una persona única, mi héroe. Así como mencioné a quienes admiro, él tenía mucho de cada una de esas profesiones: siempre listo para ayudar, dispuesto a intervenir en emergencias, gran maestro que compartía sus experiencias e ideales y siempre luchando contra las injusticias como la discriminación y el abuso del poder.

“Mijito, nunca hagas nada esperando algo a cambio. Uno debe siempre buscar servir a los demás, luchar con principios y valores sólidos y congruentes”.

“Siempre recuerda que no existe tentación ni placer que valga más que la honorabilidad de tu apellido. Debes ser una persona de bien y de servicio”.

Si quieres, también puedo dejarla con ritmo más periodístico de columna de opinión (más corta y más contundente para periódico), porque este texto tiene material muy bueno pero se puede volver todavía más potente para publicación.