Hay tantos ángulos y temas que quisiera poder relatar en esta columna, muchos sentimientos, emociones y sucesos que sin duda pudieran dar para escribir un libro.

Saúl “Canelo” Álvarez se convirtió en campeón mundial una vez más, a sus 36 años de edad, justo dos días después de celebrar 21 años de su debut como boxeador profesional.

Regresó al ring tras un año fuera de los encordados, después de su última pelea contra Terence Crawford. Enfrentó al hoy excampeón mundial del WBC, Christian Mbilli, y conquistó el campeonato mundial supermedio del Consejo Mundial de Boxeo. Vivimos una celebración épica, como si tuviera 18 años y hubiera ganado su primer título. Me emocionó muchísimo verlo tomar el verde y oro y besarlo en repetidas ocasiones.

Canelo venció al invicto camerunés, quien subió al ring con un récord de 29-0 y 24 nocauts. Mbilli era más grande, más fuerte y más joven, además de contar con experiencia en 10 peleas titulares. La técnica y la preparación física de Saúl fueron un ejemplo de dedicación, pasión, entrega y resiliencia.

Detrás de este renacimiento hay una historia de trabajo, confianza y lealtad que merece todo nuestro reconocimiento. Chepo Reynoso y Eddy Reynoso han sido fundamentales en la construcción del Canelo que hoy conocemos. Desde aquellos primeros pasos, cuando Saúl era apenas un joven con enormes ilusiones, supieron identificar su talento, pulir sus cualidades y acompañarlo en un camino que lo llevó a conquistar los escenarios más importantes del boxeo mundial.

Chepo fue una pieza esencial en sus inicios y Eddy tomó la estafeta para desarrollar al campeón en el que se convirtió. Su trabajo va mucho más allá de preparar a un peleador para subir al ring: construyeron una carrera, formaron un equipo y desarrollaron una mentalidad ganadora. Eddy conoce a Saúl como pocos y sabe cómo llevarlo a su mejor versión. Se ratificó como uno de los grandes de la historia: gran entrenador, gran mánager y gran estratega.

Algo que siempre me ha llamado la atención es el cariño y la lealtad que Canelo demuestra hacia Eddy. Este fin de semana, durante las entrevistas y la conferencia de prensa, escuchamos a Eddy hablar de Saúl con un sentimiento muy especial, con orgullo y admiración. Sus palabras reflejaron una relación que se ha fortalecido con los años y que va mucho más allá del boxeo. Saúl, por su parte, nunca ha dejado de reconocer a quien ha estado a su lado en los momentos buenos y en los difíciles. Esa gratitud habla muy bien de ambos.

La función México contra el mundo fue una verdadera fiesta del boxeo. Se llevó a cabo sin contratiempos, pese a los numerosos rumores y especulaciones que surgieron alrededor de su realización. El público disfrutó de una cartelera de grandes combates y de una noche en la que nuestros representantes mexicanos dejaron huella.

Jaime Munguía protagonizó una auténtica guerra frente a Nikita Zon. Fue una pelea de entrega, valentía y emoción, en la que ambos demostraron el espíritu que distingue al boxeo. Jaime consiguió un gran triunfo y confirmó que tiene corazón, fortaleza y hambre de seguir creciendo.

También celebramos la actuación de Rafael “Divino” Espinoza, quien venció por nocaut técnico a Ricardo Blandón. Su rival no pudo continuar por decisión del médico del ring, tras sufrir un corte en el párpado izquierdo. Ellos fueron dos de los cuatro mexicanos que triunfaron esa noche, junto con Canelo y Carlos Emiliano Rojo.

David Picasso tuvo una noche complicada ante Carl Jammes Martin, un rival muy aguerrido, rápido e invicto que supo aprovechar sus oportunidades. La derrota duele, pero estoy convencido de que David se levantará de la lona. Es un joven con enorme talento y un futuro prometedor. Estas experiencias, aunque difíciles, representan aprendizajes fundamentales para madurar, corregir y regresar más fuerte. En el boxeo no se deja de aprender, y los grandes campeones también se construyen a partir de los tropiezos.

Ahora toca emprender el largo viaje de regreso a México. Una vez en casa, habrá que poner manos a la obra, alistar todo y viajar a Acapulco, donde nos espera una de las semanas más importantes de nuestro calendario: la 64 Convención Anual del Consejo Mundial de Boxeo.

Desde el bello puerto de Acapulco escribiré la próxima columna, ya con la emoción de recibir a grandes estrellas del boxeo, campeones, promotores, entrenadores, oficiales y representantes de nuestra gran familia boxística. Será una semana intensa de trabajo, reuniones y actividades, con un objetivo que nos une a todos: seguir construyendo un mejor futuro y velar siempre por el bienestar y la seguridad del boxeador.

Tendremos grandes momentos, homenajes, anuncios y decisiones importantes para nuestro deporte. La Convención es mucho más que un encuentro: es el espacio donde compartimos ideas, revisamos lo que hemos logrado y trazamos el camino para continuar protegiendo a quienes hacen posible el boxeo.

Y, como toda gran celebración, cerraremos con broche de oro con una función de boxeo que tendrá como protagonista a nuestra campeona Camila Zamorano, quien defenderá su campeonato mundial átomo del WBC. Será una gran oportunidad para reconocer el talento de una nueva generación de peleadoras mexicanas y celebrar el lugar que las mujeres han conquistado en nuestro deporte.

¡Nos vemos en Acapulco! ¡Que viva el boxeo y que viva México!

 

¿Sabías que…? Canelo Álvarez es una de las máximas figuras del boxeo en la actualidad y quien ha peleado en la élite por más de 15 años y 7 meses, periodo en el que ganó su primer título mundial y el recién conquistado. Debutó como profesional el 29 de octubre del 2005 y en su pelea número 37, el 5 de marzo del 2011, tuvo su primera pelea de título, en la que venció a Matthew Hatton para ganar el superwélter del CMB y comenzar una carrera de muchos campeonatos y logros en cuatro distintas divisiones. Más de 15 años después y luego de su derrota con Crawford, se propuso volver a ser campeón y el sábado lo logró, al ganar el verde y oro de peso supermedio tras vencer a Mbilli.

 

Anécdota de hoy….Mi papá siempre soñó con llevar el boxeo a todos los rincones del mundo y Arabia Saudita estaba dentro de sus planes. Hoy, al ver lo que sucede en Riad, con grandes campeones y funciones de talla internacional, es inevitable recordar su espíritu visionario. Estoy seguro de que nuestro querido don José estaría muy orgulloso de ver cómo el boxeo continúa derribando fronteras y uniendo culturas como ocurrió el sábado con México contra el mundo.