-El fraude digital dejó de ser un delito convencional, ya que actualmente opera con inteligencia artificial, Big Data y técnicas de ingeniería social capaces de superar a Gobiernos enteros.

 Así lo advirtió César Hernández, maestro y responsable del área de informática en la Universidad Panamericana, Campus Guadalajara.

 “Los delincuentes le llevan la delantera al Gobierno y a la Policía porque saben manejar muy bien estas tecnologías”, afirmó el académico, quien sostuvo que las técnicas de criminales avanzan más rápido que la capacidad institucional para contenerlas.

 Explicó, además, que el acceso masivo al Big Data permite a los delincuentes obtener perfiles detallados de posibles víctimas y diseñar ataques precisos, desde sitios web clonados hasta mensajes casi indistinguibles de los reales.

 Sin embargo, insistió en que el mayor problema no es tecnológico, sino cultural.

 Aunque la infraestructura digital se fortalezca, de poco servirá mientras la ciudadanía continúe brindando datos personales sin la menor precaución.

 “Podríamos tener toda la infraestructura del mundo, pero, si no se trabaja a nivel social y cultural, no va a servir de nada”, advirtió.

 Hernández subrayó que el desconocimiento digital sigue siendo el eslabón más débil. Mucha gente no distingue entre un dominio legítimo y uno fraudulento, ni revisa detalles mínimos que ayudar a identificar y evitar estafas.

 “Muchas veces una letra hace la diferencia entre el sitio real y un sitio que es para robar”, señaló el académico.

 A esa vulnerabilidad se suma un hábito cotidiano: conectarse a redes abiertas sin medir riesgos. Por ejemplo, en la zona Centro de Guadalajara, miles de personas usan Wi-Fi público para realizar compras y transferencias o ingresan datos sensibles en otro tipo de portales.

 Esa información viaja sin protección y puede terminar en manos desconocidas.

 Para el maestro, esta práctica es el punto de unión entre la capacidad tecnológica del crimen y el descuido ciudadano. Ahí coinciden la sofisticación delictiva y la desinformación social.

 El especialista concluyó que el combate al fraude digital no se ganará solo con policías cibernéticos, sino con una ciudadanía alfabetizada digitalmente, capaz de reconocer amenazas y proteger su información antes de que sea demasiado tarde.