Un hombre llamado Jérémy Schalwijk venía regresando a casa con una chica con la que estaba saliendo para presumirle a Cleo, su precioso pez dorado, pero llegó a casa y buscó a su pequeño Cyprinidae en el estanque, no lo encontró, entonces volteó hacia una pared de roca y lo descubrió atrapado en los colmillos de una araña.

Jéremy Schalwijk es un guía turístico de Sudáfrica y cuando vio el aterrador suceso supo que se encontraba frente algo notable, así que sacó su cámara y tomó la foto que verás a continuación:

Este tipo de arácnidos pescadores son conocidos como arañas de tela de guardería y son animales semiacuáticos capaces de caminar sobre aguas tranquilas o estancadas, sumergirse bajo la superficie para escapar de los depredadores e, incluso, pescar. De hecho, algunas de estas arañas son conocidas como arañas de pesca, arañas de muelle y arañas de balsa.

De acuerdo con Live Science y un estudio en la revista PLOS ONE de 2014, ocho de las 109 familias de arácnidos del mundo pueden atrapar y comer peces pequeños, y lo hacen en todos los continentes, excepto en la Antártida. En lugar de construir redes para atrapar presas, estos arácnidos cazan su comida “personalmente”.

Las arañas primero bajan sus patas delanteras para que descansen sobre la superficie del agua mientras anclan sus patas traseras a una piedra o planta adyacente. El agua actúa como una red, con la araña capaz de detectar pequeñas ondas creadas, por ejemplo, cuando un insecto desafortunado cae y queda atrapado por la tensión superficial del agua.

Cuando algo delicioso pasa por la percha de la araña, ya sea un insecto caído o un pez, la araña ataca con sus patas delanteras y lleva a la presa a sus mandíbulas, muerde con colmillos que perforan la carne, inyecta a su presa un veneno letal y neurotóxico, y finalmente arrastra a su presa muerta a tierra firme.