Los nombres de los planetas en el universo tienen su origen varios siglos atrás, debido a que tto los griegos como los romanos, fueron observadores atentos del firmamento y, ante la necesidad de guiarse para poder realizar comercio a través del mar, se vieron obligados a nombrar a los astros.

De acuerdo con los registros históricos ambos pueblos fueron asertivos al distinguir la luz de estos astros de las demás estrellas: la diferencia radica, al día de hoy, en que los planetas se mueven alrededor del Sol.

Al encontrarse en altamar fueron diferenciándolos como método de guía por lo que en conjunto, astrónomos y navegantes decidieron nombrarlos.

Desde entonces, los romanos asignaron los nombres de sus propias deidades a los cuerpos celestes, otorgándoles los atributos que cada uno poseía.

Siguiendo esta tradición, los planetas de nuestro Sistema Solar conservan estos rasgos de identidad.