Se trata de una gigante Rafflesia, una planta parasitaria que creció hasta los 111 centímetros de diámetro en la reserva natural de Maninjau.

Esta Rafflesia es cuatro centímetros más grande que otra avistada en el mismo territorio hace algunos años. La floración de esta especie solo dura en torno a una semana antes de que empiece a marchitarse y pudrirse.

Esta enorme flor carnosa rojiza, con manchas blancas en forma de ampolla y gigantescos pétalos, emana un olor fétido a carne en descomposición, además de calor, para atraer insectos polinizadores.

No tiene raíces ni hojas, es parásita. La Rafflesia se alimenta de una planta huésped para vivir, bebiendo agua y nutrientes. Solo es visible cuando estalla a través de la planta huésped para revelar sus flores.