Al nacer, los niños no son ni buenos ni malos, ni conocen juicio alguno. Conforme van creciendo aprenden a partir de sus propias experiencias. Los encargados de fomentar los valores en los pequeños en primera instancia y directa son los padres, les apoyan los familiares directos y los docentes fortalecen lo aprendido en casa. Nuestros hijos aprenden sobre lo que ven, no así lo que escuchan, es decir, los valores que se ejercen en casa serán los que él retomará en su vida adulta.

Los valores universales, se llaman así, dado que todos los seres humanos por el simple hecho de existir ya los tenemos dentro de nosotros y son inalienables como: la belleza o la verdad. Sin embargo, socialmente, estos se traducen como las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportamos y que se ligan con nuestro concepto de “correcto”. Es importante señalar que, algunos como el amor dan origen a otros como el respeto, que a su vez se convierte en tolerancia.

La amistad, la bondad, la generosidad, la solidaridad y la gratitud harán de nuestras relaciones más sanas emocionalmente y estaremos dispuestos a convivir cordialmente con los demás. Perdonar y pedir perdón es fundamental para poder encontrar un equilibrio emocional y no cargar ni replicar situaciones vividas en el pasado, que puedan convertirse en infortunios para nosotros.

Los valores como tolerancia, respeto, comprensión, paciencia y empatía contribuyen al sano desenvolvimiento con las demás personas que interactuamos, y la puntualidad se convierte en otra forma de respeto. La perseverancia, el trabajo duro, la colaboración, la honestidad y la justicia nos brindan estabilidad, confianza en nosotros mismos y nos hace sentir útiles y realizados, es decir, con un propósito. El optimismo nos impulsa a seguir adelante. La congruencia, la libertad y la responsabilidad nos ayudan a tomar mejores decisiones, mientras que el orden y la organización nos vuelven más seguros.

Como puedes observar, los beneficios de educar en valores, va más allá de los buenos modales, se convierten en fortalezas que te ayudan a enfrentarse al mundo y sus bemoles.

Además del “predicar con el ejemplo” te invitamos a que fomentes valores en ti y en tus hijos de manera sencilla y divertida con dinámicas como:

Después de ver una película, organiza un debate en donde permitas que se hable sobre la importancia que tienen las personas por ser quienes son, sin importar sus características. También podrías proponer un tema en donde algún miembro de la familia exponga un caso real de “injusticia”. Es importante que todos participen dando su opinión, sin que nadie desestime ningún comentario. Este ejercicio te ayudará a conocer la forma de pensar de los integrantes.

Cada determinado tiempo, escriban en un papelito algún motivo que consideren requiere ser perdonado, con una disculpa envuelta en palabras afectivas. Reconocer que podemos equivocarnos y tener la certeza de que seremos disculpados, disminuye la presión emocional, enfocándote en mejorar e intentarlo nuevamente, sin cargar con culpas ni resentimientos. También pueden participar como familia en programas altruistas, permitiendo que cada integrante elija cómo desea participar.

Establece metas y objetivos para lograr en un plazo determinado para cada miembro de la familia. Apóyense unos a otros para alcanzar dichos objetivos y den énfasis en el progreso y los logros del camino para mantenerse enfocados positivamente en la meta.

Ahora que ya conoces la importancia de los valores como “herramientas” que fortalecen a tus hijos y que te hemos compartido ejercicios sencillos para fomentarlos de manera continua, ¿Qué esperas? Diviértete y educa que al final todos agradeceremos la gran labor que realices.