En algún momento, la mayoría de las personas manifiestan complejos físicos por algún «defecto» que encuentran en su cuerpo. Si bien muchos consiguen restarle importancia a esto, hay quienes lo convierten en un centro de atención que empieza a interferir en varios ámbitos de la vida.

El sentimiento de vergüenza y la sensación de rechazo por ese defecto hace perder el disfrute por actividades cotidianas y sociales. Incluso, algunos dejan pasar oportunidades por no sentirse expuestos. Pero, ¿qué son exactamente estos completos? ¿Cómo afrontarlos? En esta oportunidad lo detallamos.

¿Qué son los complejos físicos?

Cuando hablamos de complejos físicos nos referimos a una sensación de malestar y angustia asociada a una percepción negativa sobre nuestro cuerpo o alguna parte de él. Puede tener su origen en algo real, observable, como alguna malformación o cicatriz que se puede ver a simple vista.

Sin embargo, también puede ser algo que la persona imagina o fantasea como defectuoso, aunque así no sea. En cualquier caso, se considera un complejo físico y no una simple preocupación, dado que cobra «cierto estatuto» para la persona.

Respecto a esto, vale la pena analizar la expresión «lo que la persona considera un defecto». Y es que no siempre tiene que ser un defecto en sí, sino que lo que lo convierte en tal depende del sentido que le da ese alguien.

Tener una imagen corporal negativa se encuentra en la base de un complejo físico. Pero se trata justamente de eso, de una imagen, de una representación que nos hacemos.

Volviendo al ejemplo anterior, tener las caderas anchas o calvicie no tiene nada de malo en sí mismo; el cuerpo no funciona mejor o peor por ello. Aún así, para alguien puede ser un verdadero motivo de incomodidad.

Causas y consecuencias de tener un complejo físico

Los complejos físicos pueden tener diversos orígenes. Uno de ellos puede ser de tipo social, condicionado por algún comentario o experiencia negativa en relación a una parte del cuerpo. Por ejemplo, cuando en la escuela uno o varios niños se burlan del tamaño de las orejas de otro.

También puede originarse por los comentarios repetitivos por parte de alguien importante, como alguno de los progenitores, que acaban por hacer mella en la persona.

Respecto a las consecuencias, tiende a provocar malestar y deterioro social en la vida de quien se siente afectado. De igual manera, es un detonante de vergüenza, inseguridad, aislamiento, introversión, ansiedad, entre otras cosas.

¿Qué hacer antes los complejos físicos?

Con el paso del tiempo, los complejos físicos pueden ser un obstáculo para un buen desempeño social y profesional. Por ello, no se deben pasar por alto. A continuación, algunas recomendaciones para abordarlos.

Trabajar sobre la autoestima

En primer lugar, es importante cultivar la autoestima, que se refiere a la valoración que tenemos de nosotros mismos. Esto nos permitirá amigarnos con ese complejo físico en caso de que exista, o bien, a cambiar nuestra percepción acerca de su importancia.

Es decir, la parte – eso que no nos gusta de nuestra imagen – no será más importante que el todo – nuestra persona en su totalidad -. Así, encontraremos recursos para sentirnos a gusto y con mayor seguridad.

Un buen ejercicio que se puede poner en práctica es el de «solo por hoy», que consiste en plantear diferentes consignas o desafíos por un día. Allí nos podemos proponer ser como queremos ser, mientras nos olvidamos de ese complejo físico que nos angustia.

Evitar el autoboicoteo

Aprender a recibir halagos y desactivar el «modo autoboicot» es un paso fundamental para eliminar los complejos. Muchas veces, cuando alguien nos destaca algo lindo, de manera automática contestamos «sí, pero…», lo que invalida nuestra capacidad de recibir un reconocimiento positivo.

No caer en comparaciones
Sin duda, este es uno de los errores más frecuentes. Hay que entender que cada persona es como es y tiene algo propio para ofrecer.

Buscar atención psicológica

La atención profesional puede ser determinante para superar los complejos físicos. Incluso, hay casos en los que hay un trastorno dismórfico corporal. Si este problema interfiere en la vida y en las actividades sociales, la terapia cognitiva conductual puede ayudar.

Este tipo de intervención trabaja sobre las creencias y sesgos cognitivos, para luego modificarlos por otros a través de su cuestionamiento y reestructuración cognitiva.

Tener referentes positivos

Los referentes positivos son aquellos que tienen alguna condición particular, considerada socialmente como «defecto » o «limitación», pero que aún así llevan una vida plena. Conocer sus historias puede ser el punto de partida para mejorar el estado de ánimo con respecto a los complejos.

La belleza no es una sola

Una de las mayores influencias sobre la percepción que tenemos de nosotros mismos es el canon construido de lo que es bello y hermoso. Un modelo que unifica y homogeneiza, como si la belleza fuera única.

Lo cierto de todo es que esta se encuentra en la diversidad. Por eso, como sociedad debemos aprender a validar otros modelos, sobre todo cuando el vigente conlleva tanto sufrimiento y malestar físico y psíquico.

¿Queremos someternos a una cirugía porque no nos gusta nuestra nariz? ¿Queremos hacer un tratamiento para tener cabello? Bien, lo podemos hacer. Son formas de afrontar y cambiar aquellas circunstancias que nos molestan. Desde ese punto de vista, es positivo.

Sin embargo, si previamente no hemos trabajo el amor propio, la autoestima y seguridad, el malestar no desaparecerá y encontraremos otros motivos para no estar conformes. Sumado a esto, hay que entender que aquello que decidamos hacer debe ser por nosotros, y no para agradar a los demás.