La hiperfosfatemia es la situación donde se registran cifras de fósforo en sangre más altas que las consideradas normales. En realidad, no es cualquier fósforo el que se toma en consideración para la medición, sino específicamente el fósforo inorgánico.

Si bien depende del laboratorio que realiza la medición, se consideran valores normales de fósforo los que oscilan entre 2,5 y 4,5 mg/dL. Cuando el examen sanguíneo informa de mediciones mayores a 4,5, se puede diagnosticar la hiperfosfatemia.

El fósforo es un elemento que cumple funciones importantes dentro del organismo humano. Aunque desconocido por muchos, es un macromineral que el cuerpo requiere para llevar adelante funciones metabólicas que no puede realizar de otra manera.

De todo el fósforo que poseemos en el organismo, más de las dos terceras partes se encuentran contenidas en los huesos. El resto se localiza en las células de los tejidos para generar energía de funcionamiento.

Como vemos, de acuerdo a su distribución corporal, son los huesos y los dientes quienes más se ven afectados por situaciones de deficiencia o de sobreacumulación de fósforo. Por otro lado, el fósforo es aliado del calcio, lo que provoca alteraciones renales cuando aparece la hiperfosfatemia.

Obtenemos el fósforo de los alimentos, generalmente en alta medida cuando la dieta es variada. En condiciones normales, el fósforo excedente que el cuerpo no necesita es eliminado renalmente por la orina e intestinalmente con la materia fecal.

Los alimentos más ricos en fósforo son las carnes rojas y blancas y los frutos secos, como las almendras y las nueces. También hay buena disponibilidad del elemento en los lácteos, como la leche, el yogur o el queso. Algunos países poseen legislaciones alimenticias que obligan a las industrias a añadir fósforo a ciertos productos como una forma de enriquecimiento.

Causas de la hiperfosfatemia

La hiperfosfatemia se hace más frecuente con el paso de los años debido a que su principal causa es la insuficiencia renal. Esta situación en la que los riñones son incapaces de concentrar la orina es mucho más prevalente entre los ancianos que entre las personas jóvenes. Pero, además de la insuficiencia renal, hay otras causas de hiperfosfatemia:

Hipoparatiroidismo: la hormona paratiroidea regula el metabolismo del fósforo y del calcio. En el hipoparatiroidismo hay una baja o nula producción de la hormona y esto puede resultar en una disminución del calcio con un aumento del fósforo en la sangre.

Hipervitaminosis D: junto a las regulaciones de calcio y fósforo, se vincula la vitamina D. Ya sea porque una disfunción en las glándulas paratiroideas altera la vitamina D o porque esta se encuentra elevada en la sangre debido a otra causa, es posible que tienda a aumentar el fósforo sanguíneo.

Consumo elevado de fósforo: la hiperfosfatemia por ingesta en exceso es rara. Si el organismo está funcionando correctamente, eliminará el excedente por orina o por las heces para que no se acumule.

Ejercicio prolongado: los ejercicios extenuantes y de larga duración que dañan los músculos liberan el fósforo de las células musculares a la sangre.

Quimioterapia: cuando por una patología oncológica los pacientes reciben drogas quimioterápicas, las células que van muriendo rápidamente también liberan su fósforo interno a la sangre, provocando hiperfosfatemia. Esto se conoce como síndrome de lisis tumoral, junto a otros síntomas también producidos por la quimioterapia.

Síntomas de la hiperfosfatemia

El fosfato elevado en la sangre puede hallarse más como un hecho incidental que a causa de síntomas que lo hagan sospechar. En la mayoría de los casos, el dato aparece porque se ha solicitado un examen de sangre general para valorar otras enfermedades en la persona.

Quienes padecen hiperfosfatemia raramente manifiestan síntomas por el fósforo que está elevado en su sangre. Sin embargo, sí pueden llegar a consultar por problemas renales derivados de su hiperfosfatemia, o también por signos musculares.

Cuando el fósforo aumenta su concentración sanguínea, suele disminuir el calcio, produciéndose hipocalcemia. En este estado, los músculos se acalambran frecuentemente, inclusive con la aparición de espasmos.

Otra consecuencia a largo plazo es la alteración de las paredes arteriales. El fósforo en exceso puede depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos, en combinación con el calcio, contribuyendo a la arteriosclerosis, lo que aumenta el riesgo de episodios graves cardiovasculares.

Tratamiento de la hiperfosfatemia

Cuando la hiperfosfatemia está generada por una enfermedad de base, como la insuficiencia renal o el hipoparatiroidismo, entonces el tratamiento será la corrección de esa patología. Por otro lado, para tratar el exceso de fósforo en sí mismo hay tres alternativas:

Dieta baja en fosfatos: con el asesoramiento de un profesional nutricional, se confecciona una dieta que no supere los 1000 miligramos diarios de fósforo.

Diálisis: filtrando la sangre artificialmente se suple el funcionamiento del riñón cuando este no está en su máxima capacidad.

Quelantes: existen medicamentos capaces de unirse al fósforo que ingresa con los alimentos para evitar que el intestino lo absorba. De esta forma, se elimina el fósforo al exterior sin llegar a la sangre.

Por supuesto, será el médico quien decida qué tratamiento es mejor en cada caso. Regularmente, no son necesarias medidas extremas, así que si has recibido un análisis que informa de hiperfosfatemia, no te alarmes. Conviene que consultes a un profesional para evaluar qué pasos se van a tomar.