Los huracanes en la Tierra reciben diferentes nombres de acuerdo a su formación y periodo de tiempo en que se presentan, mismos que determina la Organización Meteorológica Mundial en Ginebra y que llevan nombres masculinos o femeninos de acuerdo con el año y el lugar donde se presentan.

La lista del Atlántico cuenta con una relación anual fija. Son 21 nombres masculinos y femeninos que van alternándose. Cada año la lista cambia, y cada 6 años se completa un ciclo. En la cuenca del Pacífico, el procedimiento es idéntico pero la lista cuenta con 24 nombres.

Sin embargo el origen del nombramiento se remonta a 1800, cuando los huracanes se nombraban de acuerdo con el Santoral Católico, de manera que si una tormenta se formaba en el día de Santa Ana, así llevaría por nombre el ciclón.

“El meteorólogo australiano Clement Wragge fue el primero que utilizó un nombre propio para denominar este fenómeno meteorológico. Lo hizo a finales del siglo XIX. Al parecer, empezó denominándolos por orden alfabético. Primero siguió el alfabeto griego y luego el romano. Luego optó por nombres mitológicos y de políticos que no le gustaban. Y finalmente se decantó por nombres propios femeninos”.

Sin embargo fue hasta 1953 cuando un huracán recibió por primera vez un nombre femenino de forma oficial en Estados Unidos.