Antes del accidente de Nadia, el sexo solía ser divertido. Era emocionante; había espontaneidad, pero sobre todo era normal. Pero hace tres años, se convirtió en un territorio completamente nuevo que tenía que atravesar. No era el sexo lo que le daba miedo, sino más bien las explicaciones constantes sobre por qué sus piernas podían sufrir espasmos, o por qué tenía que usar una sonda. Tener que hablar todo el tiempo de su cuerpo la hacía sentir como disco rayado y le preocupaba lo que la gente podría pensar. “Sentía como que necesitaba tarjetas de presentación, así de, ‘Hola, me llamo Nadia y tengo esto y esto podría suceder, está bien si tengo espasmos en las piernas'”.

A los 22 años, Nadia tuvo un accidente automovilístico. Su columna vertebral quedó destruida, y mientras sus brazos seguían funcionando, sus extremidades inferiores dejaron de hacerlo.

La primera vez que Nadia fue a su casa durante su período de rehabilitación, se encontró con una amiga cercana. Su primera pregunta fue: “¿Puedes seguir teniendo sexo?” Nadia se ríe ahora cuando recuerda la conversación. “Así que respondí diciendo: ‘¡No me cocieron la vagina!'”

Pero luego reflexionó, ¿así iba a ser su vida a partir de ahora? ¿Gente preguntando cosas íntimas y personales de la nada? Incluso ahora, las personas le siguen preguntando a Nadia si es capaz de tener sexo y se fascinan por el hecho de que definitivamente puede hacerlo.

Cuando se trataba de sexo, Nadia sabía que solo tendría que seguir adelante y ver qué pasaba. Pero también temía que las personas que no tienen idea de lo que significaba vivir con una lesión en la médula espinal la juzgaran. Para Nadia es importante encontrar a alguien en quien pueda confiar porque, si bien aún puede tener sexo, el acto ahora es algo muy diferente. El cambio más grande, dice ella, ha sido la falta de espontaneidad: no puedes simplemente “saltar rápidamente a la cama con alguien… es como, ‘Oh, espera un segundo, primero tengo que ir al baño, tengo que orinar porque mi vejiga es un poco complicada'”.

Nadia dice que ella es su peor enemiga porque siempre está poniendo barreras para evitar la posibilidad de tener una relación porque teme sentirse como una carga. “Ahora conllevo una responsabilidad… las cosas toman más tiempo, requieren más planificación, citas interminables, luchas contra el dolor, espasmos, vejiga… todo”

Ella siente la necesidad de decirle a las personas que es “un poco diferente a dormir con una persona normal”. Pero las respuestas que ha recibido nunca son lo que espera. “Todo el mundo dice: ‘Sí, está bien’ y yo ‘Okay, qué incómodo'”.