Las estancias infantiles se niegan a desaparecer, para ello trabajan en distintos frentes, el legal a través de la vía del amparo y el de la humanidad a través de la ayuda de terceros que han entrado al quite desde la eliminación del subsidio gubernamental.

A tres meses de que fueron excluidas del Programa federal para estancias infantiles, en Tamaulipas sobreviven con el apoyo de los padres de familia, vecinos y voluntarias que trabajan de manera gratuita y los desayunos que otorga el DIF Tamaulipas desde hace tres semanas.

Gloria Sifuentes Reyes, responsable de la estancia infantil Carita Feliz, señala que ésta es la peor crisis que vive su estancia infantil desde hace 12 años de su fundación, de 36 menores que atendía en diciembre, hoy ha perdido a diez y ha despedido a dos maestras.

Las estancias infantiles son lugares de cuidado y desarrollo infantil que para operar deben cumplir una serie de requisitos entre los que destacan los permisos de seguridad e higiene y capacitaciones en estimulación y desarrollo.

La población que atienden son generalmente hijos de madres solteras, de jóvenes estudiantes, trabajadores del comercio informal y obreros que a pesar de tener seguridad social, no encuentran espacio en las guarderías del Seguro Social.

“Se ha hecho referencia a que este programa se desvirtuó, que perdió el sentido porque era para niños hijos de madres que no tenían seguridad social y ellos (hijos de obreros) si tienen seguridad social pero no hay los espacios en las guarderías del seguro, o les quedan demasiado lejos, en esta ciudad hay nada más 4 o 5 y es un costo para trasladarse y si hay una estancia infantil cerca, prefieren traerlo aquí”, explica Norma Hernández Zúñiga.

Antes de enero de 2019, la SEDESOL aportaba un subsidio de 950 pesos por infante, en promedio la cuota de responsabilidad que pagaban los padres era de 500 pesos, lo que sumaba un total de mil 450 pesos por niño, que permitía a las estancias mantenerse en operación y a los padres cubrir una cuota menor a la que tienen que pagar ahora sin el subsidio.

“Con ese dinero se pagaban sueldo de maestras, necesitamos una por cada cuatro niños, ganan de mil 500 a 2 mil pesos, se paga renta, agua, luz, gas, teléfono, material de limpieza, material didáctico, Hacienda, IMSS, no es el gran negocio para hacernos ricas, el gasto operativo nos cuesta a las estancias, más los gastos de Protección Civil que son dos mil 700, el de Coepris, la certificación de asistentes de 3 mil 500, el plan interno que son cuatro mil, el uso de suelo que cuesta de 750 a mil 500, el dictamen estructural que son cuatro mil pesos, el dictamen eléctrico son seis mil pesos, carta de no antecedentes penales y el seguro para niños que cuenta siete mil pesos, no es el gran negocio que dicen, pero nos da para vivir”, detalló Nallely Delgado, responsable de la estancia Mis Angelitos.

A la estancia infantil Estrellitas de Lucero, donde la responsable es María Obregón Reyes, en enero la Comapa le cortó el servicio porque no tiene para pagar el consumo de 10 mil pesos, para seguir operando recibe el apoyo de una de sus vecinas que le proporciona el servicio de agua para llenar el tinaco de la estancia infantil.

“Es un recibo de 10 mil pesos que no puedo pagar, cada dos o tres días vienen a tomarme foto a ver si no me he conectado a la línea, están violentado los derechos de los niños, en mi caso me embargo el seguro social porque no tuve para pagar, vinieron y se llevaron el archivero, el monitor de las cámaras porque era algo con lo que no contábamos que iba a venir, el recorte”, explica la señora María, quien ya tuvo que recurrir al despido de personal y ahora su hija, amigas y cuñadas trabajan gratuitamente.

María espera que para fin de mes el subsidio sea entregado, de lo contario lo que más le mortifica es que tendrá que dejar fuera de la estancia a 15 menores, que no pagan cuota de responsabilidad y que ella sabe, que el único alimento que injieren los menores en todo el día, es el que se les da en la estancia infantil.

Nancy Morales Chávez, responsable de la estancia infantil “Vivan los niños”, advierte que el problema que viven las estancias ni siquiera es la exclusión del programa, sino que no se les haya notificado con tiempo para tomar sus previsiones.

Con la aprobación del presupuesto de 2019 y la etiquetación de recursos para este programa, creían que mantendrían el subsidio y el cambio de políticas gubernamentales las tomó desprevenidas “no se nos notificó de ninguna manera, ni verbal, ni escrita, si nos hubieran informado nos hubiéramos preparado”.

Las responsables de estancias amparadas, señalan que la motivación que las impulsa en esta lucha es que se mantengan los espacios para que los niños desarrollen sus habilidades físicas y emocionales en espacios seguros y que no se queden solos en sus casas.

“Por lo que estamos luchando nosotras, ya no es que me pague Sedesol a mí, o que le pague al padre de familia, a quien él quiera pero que se disperse ya el dinero para que los espacios se sigan manteniendo y que los niños tengan un lugar seguro, que tenga tres comidas al día, que tenga sus actividades diarias, actividades lúdicas, sus actividades de aprendizaje, que se siga desarrollando todo el trabajo que hemos hecho de 12 años, que no se caiga, que nos ayude el presidente, el gobernador, quien nos quiera ayudar para que los espacios se sigan manteniendo”, dijo Gloria Sifuentes Reyes, de la estancia infantil Carita Feliz.