Neumáticos arriba, el auto de Ryan Newman cruzó la meta. El Ford iba envuelto en llamas y chispas, en una imagen aterradora que recordó los peligros de un deporte que, sin embargo, acumula en esta categoría casi dos décadas sin un accidente mortal.

Simultáneamente, Denny Hamlin hizo historia con su segunda victoria consecutiva en las 500 Millas de Daytona. Se impuso en una prórroga y con un final de fotografía sobre Ryan Blaney.

Pero la celebración se fue apagando, a medida que se propagaban las noticias sobre el accidente sufrido por Newman.

“Creo que a veces damos por sentado que estos autos son seguros”, dijo Hamlin. “Pero en primer lugar oramos por Ryan”.

Un par de horas después del accidente, la NASCAR informó que Newman se encontraba grave en el cercano Centro Médico Halifax. Sin embargo, precisó que las lesiones no ponían en riesgo su vida.

La espera de noticias resultó tensa para los pilotos y los fanáticos de la NASCAR. Durante el tiempo transcurrido entre el accidente y el primer parte médico, el presidente estadounidense Donald Trump recurrió a Twitter para expresar su preocupación.

Un día antes, Trump asistió a la carrera como “grand marshal”. En esa condición, dio la orden a los pilotos para que encendieran sus motores, y dio una vuelta por el Daytona International Speedway, antes de que la carrera se pospusiera por la lluvia.