El suizo Roger Federer se encontró con un correoso Kei Nishikori, al que tuvo que remontar, maniatar y doblegar para meterse en sus decimoterceras semifinales de Wimbledon con su victoria número 100 en el torneo (4-6, 6-1, 6-4 y 6-4).

El helvético, ocho veces campeón en el All England Club, podría verse en la siguiente ronda ante el español Rafael Nadal.

Pero antes de poder pensar en dicho encuentro, Federer tuvo que superar un duro enfrentamiento contra Nishikori marcado por la humedad y el calor de Londres.

Pese a las nubes que se turnaban en el cielo londinense, el suizo, ante la atenta mirada de Manolo Santana en la central, se encontró con unas condiciones agrestes y un Nishikori enchufado y fresco.

El nipón rompió el primer saque de Federer y se aprovechó de las facilidades que concedía éste con el segundo para acorralarle.

Con la pérdida del primer set, Federer reaccionó sin pestañear y comenzó el segundo quebrando el servicio de Nishikori y aplacó los ánimos del nipón, al que volvió a romper el servicio para apuntarse el segundo parcial por 6-1.

Nishikori se marchó entonces al baño. Una táctica habitual en él cuando las cosas vienen mal dadas. Lo hizo en el partido por el bronce en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, cuando ante Nadal se ausentó durante más de diez minutos, provocando el enfado del español. Aquel día, la estratagema le funcionó.

Esta vez, solo le sirvió para tensar a un Federer que se veía muy cerca de la victoria, pero al que su incapacidad para concretar los puntos de set le alejaban del premio.

En el séptimo juego, Nishikori salvó tres oportunidades de rotura y aunque pudo amarrar la ventaja, terminó cediendo el servicio y el parcial, dejando la victoria en bandeja al suizo.

Muy superior el helvético, variando los intercambios desde el fondo y las subidas a la red, siguió con el único lunar de los puntos de ‘break’, acabando con 4 de 14 convertidos.

Cuando por fin rompió en el cuarto, tras una bola larga de Nishikori, la tensión del suizo desapareció y cerró en blanco un encuentro que se alargó hasta las dos horas y 38 minutos y que supone su triunfo número 100 en Wimbledon, el Grand Slam en el que más victorias suma, por encima del Abierto de Australia, en el que tiene 97.